Crónica VARGAS BLUES BAND en A Pousada das Ánimas (Boiro, 17/06/16)

Un concierto distinto, sin filtros ni maquillaje, pero a toda pastilla”

Redactor: Marcelo Saffores

Fotografía: Nando Pereiro y Marcelo Saffores

 

DSC_0098Cuando hablamos de Javier Vargas nos estamos refiriendo uno de los iconos de la música española y a uno de los pocos que ha transitado ininterrumpidamente la época moderna, si estableciéramos ese tiempo a partir de los años de la transición. Con veinticinco discos editados desde el año 1991 y con un envidiable bagaje musical estilístico, regresó a Galicia el pasado fin de semana, para hacer dos presentaciones en el marco de una gira que sirve de promoción a su último trabajo, Hard Times Blues (2016). Los lugares elegidos: la sala A Pousada das Ánimas de Boiro y la Sala Malatesta de Santiago.

DSC_0026 copiaLa Vargas Blues Band sigue siendo una banda de culto. Tal vez no convoque a grandes multitudes, pero atrae a una legión de fans, capaces de reconocer, admirar y premiar la coherencia musical de todos estos años.

Me fui a verlos a Boiro. Nunca había estado en la Pousada, pero sabía perfectamente que el local es uno de los templos de las bandas de blues y rock. Necesitaba comprobar lo que me habían contado; que en esa sala, un concierto siempre es diferente.

Con un escenario a nivel se genera una cercanía que da al show la sensación de haber entrado al garaje donde ensaya la banda. Javier Vargas, que esto lo sabe de sobra -son años y kilómetros recorridos- explota esa posibilidad al máximo. Sube a tocar sin aspavientos ni florituras. Saluda, agradece y ataca con las canciones que figuran en el setlist pegado en el suelo. Mira a “la peña”, sonríe y les guiña un ojo, interactúa, habla con la gente, se relaja.

DSC_0060 copiaEl show, a pesar de la cosa familiar que propone, esta bien programado. La Vargas Blues Band ha transitado por todos los caminos musicales: blues, rock, funky, latinblues, latinrock y rock sudamericano y está dispuesta a tocar algo de cada momento.

La primera parte se compone de cinco temas del espectro más latin-blues de los 80 condimentado con la típica cadencia del caribe. Con una formación de trío, ésta primera parte es con dos guitarras: una eléctrica que toca él y una acústica que toca Luis Mayol el bajista más el intachable aporte de Peter Kunst en la batería.

Así desfilan, “Guarachar”, “Blues Latino”, “Amapola”, “Buenos Aires Blues”y “Chill Out”. Muchos de los presentes aprovechan para bailar estos ritmos que invitan a moverse. Las canciones se alargan en función de la recepción que la gente hace de ellas y Javier aprovecha para viajar por el mástil de su Fender y dejarnos boquiabiertos con su virtuosismo. Peter y Luis, simplemente, lo secundan y sonríen gozosos disfrutando también del show.

DSC_0071 copiaLa segunda parte, ya con Luis en bajo, inicia la presentación de las canciones del último disco. “Ibiza moon”, con un sonido casi limitando en lo psicodélico abre la sección, para dar lugar sucesivamente a temas potentes como “Spanish”, “Bottleneck blues”, “Down by the river”, “Playing at the Crossroads”, y “Fulton in the house”. Llevamos una hora y pico de show y casi no nos damos cuenta. Todos, cerveza en mano, disfrutamos de un Javier Vargas, que podría decirse sin miedo, esta tocando como si estuviera en el salón de su casa y entre amigos.

Hablando luego con Luis Mayol, le comentaba mi impresión ante su pregunta de si me había gustado. “Claro que sí, -le dije- tocasteis al límite del volumen, de la distorsión, del acople repentino, sí, pero me encantó y a la gente también, porque ¿sabes qué?, la música también se disfruta cuando rasca los oídos y perfora; cuando suena a garaje”.

DSC_0147 copiaEntre medio del desfile de los temas del último disco también hubo espacio para tres homenajes. El primero para Muddy Waters con una interpretación de “The same thing”; el segundo para Pappo Napolitano, el gran bluesman argentino, con una versión excelente de “Blues Local” y el tercero para el gran Gary Moore, con una muy particular pero no menos vibrante ejecución de “Parisienne walkways”.

El cierre del show fueron “Road to freedom” y “Hard times blues”, del disco homónimo. No hubo protocolo, es decir, no hubo salida de escena para volver a por los bises. El concierto acabó como empezó: como una reunión de amigos. Y todos lo agradecimos.

Esta sería mi impresión final: un concierto distinto, sin filtros ni maquillaje, pero a toda pastilla.

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