Canciones con Historia: "Nuthsell" (Alice in Chains)

“Nadie por quien llorar. Ningún lugar al que llamar hogar”

Redacción: Ángel Cao

 

La autodestrucción del ser humano siempre ha sido objeto de estudio y debate en campos vinculados a disciplinas como la psicología o la sociología, llegando incluso a considerarla inherente a su propia naturaleza.

Una de las teorías más controvertidas la escribió el médico austriaco y padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, el cual llegó a dilucidar con su teoría de la Pulsión de vida y Pulsión de muerte sobre los comportamientos que llevan al ser humano a cometer actos de barbarie, a mostrar conductas agresivas y también su inclinación hacia la autodestrucción.

En cuanto a las pulsiones o “impulsos” de vida, se refería a ellas como aquellas que perpetúan la vida de las personas y que lo motivan para que busque comida, agua e incluso sexo. Pero por otro lado, todo ser humano lleva dentro la pulsión o instinto de muerte, y esta consiste en todos aquellos impulsos, que en la gran mayoría de las veces de manera inconsciente, nos acercan al final de la vida. Acciones como beber en exceso, fumar, los trastornos alimenticios, adoptar conductas compulsivas, tener prácticas sexuales de riesgo o consumir otro tipo de drogas, están incluidos dentro de este tipo de impulsos.

Esta teoría, es mucho más compleja de lo que aquí se podría explicar con una breve introducción, pero en todo caso, respalda la existencia de la inclinación de las personas hacia la autodestrucción. Tanto es así que incluso existe una ciencia dedicada a esta cuestión: la Suiciodología, que el prestigioso psicólogo clínico estadounidense Edwin S. Shneidman, la definiría en 1985 como “la ciencia referida a los comportamientos, pensamientos y sentimientos autodestructivos”.
Se podrían nombrar en el mundo de la música numerosos casos de músicos y artistas que terminaron siendo víctimas de su conducta autodestructiva. Muchos de estos casos tienen en común el hecho de haber padecido una infancia complicada por sufrir la separación o inexistencia de sus progenitores, el abuso por parte de estoso o presenciar con cierta frecuencia situaciones poco adecuadas a edades tempranas, como son el consumo de drogas, violencia de género o buying por citar a algunas.

Uno de los casos más alejados en el tiempo que podríamos nombrar es el del compositor Ludwig Van Beethoven, que ya en el S. XVIII vivió en sus carnes una infancia marcada por el alcoholismo de su padre y sus métodos estrictos para “aprovecharse” de su enorme talento, más que para cultivarlo. Cuando ya era una figura consagrada derrochaba casi todos sus ingresos adquiriendo alcohol y consumiéndolo de forma excesiva, lo que complicó su salud: Hepatitis A, cirrosis, unas penosas condiciones de higiene y por último intoxicación por el plomo que contenían los medicamentos que le administraba para curar una neumonía, provocarían su muerte con 57 años.

Ejemplos más recientes y que todos conocemos, son los de músicos influyentes y posteriormente convertidos en iconos como Sid Vicious, Kurt Cobain, Amy WinehouseJanis Joplin, Scott Weiland o Layne Staley, intérprete del tema que hoy nos ocupa. Ellos son algunos ejemplos de casos de infancias difíciles, que con los años en menor o mayor medida se traducirían en personalidades autodestructivas, aunque no todos terminarían en finales fatídicos conllevando necesariamente la muerte de sus protagonistas. El vocalista de Black Sabbath, Ozzy Osbourne, tardaría años en superar los abusos sufridos en el camino de vuelta a casa desde la escuela y las constantes discusiones de sus padres por los graves problemas económicos que sufrían. Las etapas oscuras de su vida serían incluso reconocidas por “El Padrino del Heavy Metal” en su propia biografía titulada “I am Ozzy” (Confieso que he bebido): “Durante los últimos 40 años he ido ciego de alcohol, coca, ácido, Quaaludes, pegamento, jarabe para la tos, heroína, rohypnol, klonopin, vicodin y otras muchas sustancias”.

Sin embargo, tal y como citábamos anteriormente, también existen finales menos afortunados y que muchas veces se convirtieron en una especie de “crónica de un suicidio anunciado”, o por lo menos que se intuía como el desenlace más previsible.

La infancia de Layne Thomas Staley estuvo desde bien pequeño marcada por las discusiones y posteriormente divorcio de sus padres cuando tenía 7 años. A esto hay que sumarle el mal ejemplo que supuso en él su progenitor, al que habitualmente veía consumiendo todo tipo de drogas en casa o yéndose de esta durante largos períodos con tales propósitos. Esto marcaría de por vida su personalidad y con los años se iría tornando hacia conductas depresivas.

Siempre se interesó por las humanidades, entre ellas la pintura y la música, y se convirtieron posiblemente en sus válvulas de escape. Tanto es así que con solo un lustro de existencia formó parte de una banda en el colegio. Con los años integraría diversas formaciones como batería y posteriormente como vocalista, que era su verdadera vocación, y en 1987 conocería al guitarrista Jerry Cantrell. De esta relación de amistad, nacería Alice in Chains, con la que debutarían tres años después con un doble disco de platino titulado “Facelift” (Columbia Records, 1990).

Desde los inicios de la banda, muchas de sus letras abarcaron temas oscuros y estuvieron marcados por la soledad, el carácter depresivo de Layne Staley, y por encima de todo, por sus severos problemas de adicción a las drogas, principalmente a la heroína.

El EP “Jar of Flies”, publicado en el año 1994 incluía un desgarrador tema que con los años, tras la muerte de Layne en 2002 y su interpretación en el MTV Unplugged, cobraría todavía mayor significado, y posiblemente nos haría asimilar de la manera más fidedigna los sentimientos que él mismo quería reflejar. Escrita de forma directa y autobiográfica, sin metáforas ni símbolos (a excepción de su título), nos cuenta la sensación de vacío interior, soledad, la ausencia de privacidad a consecuencia de la fama, y por último sus intenciones suicidas como única solución posible.

Nutshell (Cáscara de Nuez) –

Perseguimos falsas mentiras.
Encaramos el camino del tiempo.
Y todavía lucho.
Y todavía lucho
esta batalla en solitario.
Nadie por quien llorar.
Ningún lugar al que llamar hogar.

El regalo de ser yo mismo está ultrajado.
Mi privacidad desvelada.
Y todavía descubro.
Y todavía descubro,
repitiéndose en mi cabeza
que si no puedo ser yo mismo,
me sentiré mejor muerto.

Tras arrasar con el álbum de título homónimo en 1995, el vocalista fue incapaz de digerir el éxito y asumir la dimensión y repercusión lograda como una de las mejores bandas del género. Su adicción a la heroína se agravaría y tendrían que cancelar conciertos que serían la puesta de largo de este álbum. Un año después grabarían en la Brooklyn Academy of Music’s Majestic Theatre lo que sería su penúltimo concierto con la banda, un acústico para el canal MTV que precisamente abriría con el tema Nuthsell. Su debilidad y decadente situación eran ya imposibles de disimular, no solo desde el punto de vista físico, sino también hasta el punto de olvidarse de algunas letras, evidenciar problemas con la voz y con claros síntomas de agotamiento.

Su interpretación en esta canción de tempo pausado, fue sin embargo brillante y sin fisuras, alcanzando falsetes que ponen los pelos de punta, a la que hay que sumar su vestimenta lúgubre en consonancia con el escenario repleto de velas, como si de un funeral se tratase.

Alice in Chains– Nutshell (Mtv Unplugged, 1996)

Nutshell es uno de los temas que sin duda mejor reflejaba su situación personal, el laberinto en el que se encontraba por aquel entonces y su profunda tristeza, no en vano esta canción fue elegida en la revista Rolling Stone como una de las 10 más tristes de la historia.

La vida de Staley sufriría a finales de ese mismo año otro duro revés: su novia Demri Lara Parrott moriría por complicaciones derivadas del consumo de drogas. Layne Staley jamás superaría su ausencia y le dedicaría el tema Died.

Pese a no finalizar aquí su carrera musical, la espiral de autodestrucción duraría hasta 2002, cuando fue hallado muerto en su apartamento de Seattle a consecuencia de una sobredosis de Speedball, un letal cóctel de heroína y cocaína, que pondría fin a la vida de uno de los mayores iconos de la historia del Grunge, exactamente 8 años después de Kurt Cobain.

A día de hoy, Alice in Chains, con William DuVall como nuevo vocalista, tratan de mantener más vivo que nunca el imborrable recuerdo de Layne Staley, al dedicarle esta canción cada vez que la interpretan en alguno de sus conciertos.

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